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domingo, 16 de diciembre de 2012

¿Porqué nunca me subieron a la barquita del delfinario?

Todo se remonta a un recuerdo de niñez, en los maravillosos años 90.
Recuerdo como siempre había querido subir a la barquita y dar aquella vuelta a la piscina del delfinario del Zoo de Madrid, conducida por delfines.
No me preguntéis porque pero aquellos animalitos acúaticos siempre me llamaron la atención y aún me causa fascinación verlos saltar pensando que en su salto buscan la libertad, que aquella piscina que entonces me parecía enorme para ellos se les quedaba pequeña a comparación del océano.
Todo niño tuvo una etapa en la que quería ser veterinario, así empecé yo. Hasta darme cuenta del gran pánico a la sangre y a los reptiles. Como a mí me gustaban los delfines yo quería ser "cuidadora de los delfines del zoo" así lo exponía cuando me preguntaban la típica frase: ¿Qué quieres ser de mayor?

A pesar de mis ruegos nunca conseguí subir a esa barquita.
Años después ya en etapa de madurez recordaba con mi madre aquella pregunta, ¿porqué nunca me subisteis a la barquita?
La respuesta de mi madre no era ni mucho menos lo que yo me esperaba.
Te quisimos subir pero te daban miedo los delfines.
Mi cara fue de asombro pues nunca les he tenido miedo, entonces me remonte a aquellos años en mi memoria, y no recordaba que me quisieran subir, pero si recordaba un miedo y el miedo era al agua de aquella piscina inmensa, a caer de la barca y no saber salir a la superficie, a ahogarme. A mí.

Hace poco lo recordé toda esta historia y me hizo darme cuenta que mi miedo a mí misma, mi desconfianza a no salir de aquel agua es el mismo miedo que expreso día a día con mis inseguridades, mi miedo a que me hagan más daño del que ya me han hecho era el espejo a que los cuidadores de aquel delfinario llegasen demasiado tarde como para ayudarme. A que lleguen demasiado tarde para salvarme.
Miedo, inseguridad, desconfianza. ¿Cómo podemos desconfiar de nosotros mismos pues somos los que mejor nos conocemos? Hablando a solas en la oscuridad, bajo el amanecer o frente a un cigarrillo humeando preguntas a veces sin respuesta alguna.

Pues sí, si a alguien tenemos que temer es nosotros mismos, pues no sabemos cuando podemos fallarnos.


viernes, 28 de septiembre de 2012

Llueve tanto que en vez de las gotas caer, la música de fondo es un piano y un violín.

Una buena noche para refugiarte en el calor de un cigarro, una vieja manta y parar el tiempo. Y mientras la noche no pasa, a las 3 de la madrugada de un jueves, pienso, ¿qué motivo me hace continuar? El mundo se va a la mierda, los sueños cada día se alejan más, las personas se distancian y mientras tanto el reloj gira sus manecillas con más rapidez.
Muerte prematura, en vida quizás.
La soledad se apodera de todo mi miedo y no viene solo, contando las horas que me quedan de sueño, o los días para poder llevar la vida que siempre soñé, cuando el insomnio no se apoderaba de mi. La tristeza, la nostalgia y los recuerdos por aquello que pudo ser y no fue, rondan mi mente constantemente.
Me estoy volviendo loca o ya venía así de serie no lo sé. Algo anestesiada, atontada, desquiciada, moribunda...
Soy peligro de derrumbe, será el motivo por el que nadie quiere entrar, porque es difícil salir de los escombros sin salir herido. ¿Quién quiere complicarse la vida?


Porque ahí fuera se están matando, muriendo de frío y pasando hambre. Mientras yo solo planeo como puedo meterme en tu cama.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Ahora me escondo.

Hoy es un día de esos de llorar, de los que una canción es una buena amiga para desahogarte y una almohada es una compañera de lágrimas.


Querer, querer y no poder, por ser una cobarde que no se quiere lanzar a la piscina (sin manguitos), porque sabes que si te ahogas lo máximo que vas a conseguir es que te sigan echando agua.
Dejándote morir entre tus propios miedos, siendo presa del pánico.
Yo quería ser valiente, poder decir, lo QUIERO y lo hago cueste lo que cueste.
Sin rendirme, sin necesitar a nadie más que la seguridad y la confianza en mi misma. Y solo soy una cobarde que se esconde tras una apariencia que va de dura pero se me leen las debilidades y los pánicos como un libro abierto.


Quiero...
irme lejos de aquí, quizá Italia o Nueva York, un buldog inglés al que llamar con algún nombre extraño, un armario tan grande que mi actual habitación, una gran biblioteca de mis libros favoritos, vivir en Córdoba una temporada, estudiar filología hispánica y acordarme de mis viejos profesores de Lengua y Literatura, Marta, Noe, Berta, Fran y los que vendrán en adelante. Escribir un libro, viajar mucho, salir en Madrileños por el mundo y poder decir con orgullo que no vivo en España porque me fui por amor.
Y lo más importante quiero poder cumplirlo todo, y todo los sueños nuevos que me vayan aconteciendo a lo largo de mi vida.
Cambiar, ser valiente, poder seguir andando hacia delante sin un montón de almohadas detrás por si me caigo de espaldas y me hundo.












Le preguntó que necesitaba.
Respondió.
-Todo y nada.

domingo, 13 de noviembre de 2011

¿Dónde estoy?
No me encuentro, estoy perdida, ¿y si nunca pasé página?

Porque no paro de acordarme de él, porque quiero irme lejos de aquí, me siento tan vacía, y solo aparece una persona a modo de salvación.
Como me hubiese gustado que todo saliera y ni si quiera salió.
Frustante, sentir amor y perderlo, todo tan efímero, los besos, las caricias, las miradas cómplices, para que todo se esfumará sin un motivo consistente. Para que siguiéramos cómplices, mirándonos, huyendo, sintiendo una coctelera de sentimientos que ni en el mejor bar de copas te sirven, miedo, pánico, atracción, amor, olvido, ternura, simplicidad, engaño, culpabilidad, rabia, pasión, deseo, arrepentimiento, odio...

Y aquí estoy yo echándote de menos para no variar (debería dejar la novela romántica y leer otro tipo de novelas), porque la soledad incita a la nostalgia, y hablando de amor, nadie puede sentir más nostalgia de ti, que yo.


Porque cuando el corazón busca, se aferra a lo ya perdido, haciéndonos volver a caer en los recuerdos...
Como me gustaría estar sentada escribiendo esto en la azotea del Circulo de Bellas Artes, contemplando Madrid, intentando averiguar porque callejuelas pasé, y en cuales de ellas tengo historias escritas hasta llegar a la esquina y en cuales me gustaría volver a escribir otra historia diferente, o reescribir sobre los recuerdos, esos que siempre vuelven a traición, cuando más débiles estamos.



Porque como dijo el gran Joaquín Sabina,
"No es que este triste, es que me acuerdo".

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Mi pequeño guión sin actor, mi cuento sin príncipe.

Desde muy pequeña he soñado con tener un cuento de hadas, mi gran historia de amor, de ese amor de película donde los peores enfados acaban en sexo de reconciliación.
Y aún estoy esperando ese gran amor, ese, que no te importa que te vea con tus pelos alborotados y tu cara de por las mañanas, te vea llorar viendo el Diario de Noa por trigésima vez o simplemente que el que te pringues la comisura de los labios comiendo helado le parezca divertido y sexy.
Pero este tipo de príncipes no los venden en Ikea, ni en el Corte Inglés(¡y mira que tienen de todo!), así que yo espero accidentalmente chocarme con él, típica escena de película de amor.
Pero aún así es lo más complicado, porque creo que si me chocará con una farola, cierta farola acabaría prendada de mi antes que el chico.


Me siento tan sola...

Creo que nunca he echado falta tanto un hombro en el que llorar, unos labios a los que besar y ahora que empieza el otoño un calefactor humano. Quiero un príncipe que me enamore, que se enamore, que nos enamoremos. ¿Por qué es todo tan difícil?

No quiero una despedida más, quiero un ocupa en mi corazón que se quede, prenda fuego y no se vaya. ¿Quizás pida demasiado? ¿Por qué por una vez no puedo ser la princesa a la que hacen sonreír, la actriz que sobrepasa el amor de la pantalla a la vida real, a la que aman?

Perdí el control.








Corazón deshabitado
C/ Del caos un arte nº9.

Se busca inquilino* que quiera ser dueño, de este solitario corazón, que le haga latir, rápido, lento, rápido, lento...que dé razones de sobra para que sea suyo. Que me mantenga viva.
Que decir te quiero no sea trabajo, y que los apodos dulces salgan espontáneos.
Que me quiera.



*abstenerse aprovechados y bipolares.